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La
década de los noventa fue la de los grandes proyectos de
ampliación, de modernización de viejas instituciones
y de construcción de nuevos y espectaculares edificios. Hoy,
algunos de los más célebres museos del mundo atraviesan
dificultades económicas muy serias, que están provocando
el replanteamiento de su funcionamiento, en especial en lo que se
refiere a las exposiciones temporales, uno de los pilares de la
labor investigadora y divulgativa que deben llevar a cabo.
El origen del problema está en el avance (o retroceso) que
se está fomentando hacia un modelo "liberal" y
empresarial del museo, que ya no se entiende como una inversión
a gasto perdido en cultura, sino como un negocio que debe funcionar
con menores aportaciones de las administraciones y que debe tener
una alta rentabilidad social.
Sus directores deben ser gestores de alto nivel y recaudadores
de fondos de empresas privadas dispuestas a subvencionar gastos.
Nunca hay suficiente dinero, y para conseguir patrocinio no les
queda más remedio que organizar grandes exposiciones que
los bancos y las grandes multinacionales consideren adecuadas como
operación de imagen y publicidad, y con unos contenidos que
se prevean vayan a conseguir un alto número de visitantes.
¿Cuáles son las verdaderas causas de esta situación?
¿Qué soluciones se buscan en la actualidad? ¿Hasta
dónde es posible mantener la colaboración entre las
empresas y las instituciones culturales? ¿Cómo funciona
la privatización de museos en Europa? ¿Qué
previsiones existen para el futuro?
Elena Vozmediano aborda en este número qué soluciones
manejan los museos clásicos de todo el mundo, que ven descender
notablemente el número de sus visitantes, para superar la
escasez de ingresos tradicionales.
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