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El
Día de la Hispanidad ofrece una ocasión única
para reinterpretar artísticamente el concepto de "bandera",
el símbolo que nació en las guerras para que el Ejército
no perdiera el norte. ¿Por qué unas banderas son más
fotogénicas que otras? ¿Qué representan las
enseñas nacionales en una sociedad como la nuestra, inestable
e hipercomunicada, mestiza y poscolonial? Y sobre todo, qué
significado y qué uso puede tener hoy en el territorio de
la representación obras como "La libertad guiando al
pueblo" (1831), de Eugène Delacroix. Los tiempos gloriosos
en los que la bandera era síntoma de orgullo patrio han pasado;
la bandera es ahora una imagen corporativa y, sobre todo, un motivo
de reflexión estética.
De hecho, para el arte producido en Estados Unidos durante las
últimas cuatro décadas, la bandera es una imagen de
repertorio, como si todos hubieran dejado de ser "patriotas"
en el territorio de la representación. Y es que se ha desacralizado
por completo desde que Jasper Johns decidiera apropiarse de ella,
argumentando que para él no tenía ningún significado
específico. Transformada en manteles, calendarios, ceniceros,
camisetas...; popular como la Estatua de la Libertad, poderosa como
el Empire State Building, la bandera norteamericana ha traspasado
sus funciones y se ha convertido en objeto vendible.
¿Qué sucede en el caso español? Estrella de
Diego, profesora de Historia del Arte Contemporáneo en la
Universidad Complutense, estudia en este número la simbología
de la bandera en la sociedad actual, y Juan Galdeano, Laura Torrado,
El Perro y Txuspo Poyo presentan en "Descubrir el Arte"
sus alternativas a la insignia nacional.
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