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Resulta
muy raro el hecho de encontrar un barco de más de doscientos
años con toda su carga intacta, y excepcional el que entre
esa carga se incluyan valiosas obras de arte, libros, planos, mapas
y partituras completas. Pues todo ello, además de una abundante
documentación de época, es lo que se puede admirar
en la exposición "El Westmorland: recuerdos del Grand
Tour", un barco inglés que partió de Italia en
la Nochevieja de 1778 con destino a Londres; pocos días después,
las aguas del Mediterráneo vieron cómo dos navíos
franceses apresaban al Westmorland y lo conducían al puerto
de Málaga.
Hasta aquí, estos hechos podrían formar parte del
relato de cualquier incidente normal entre los barcos de dos países
-Francia y Gran Bretaña- que se hallaban en guerra y que
podía incluir el apresamiento de naves mercantes repletas
de alimentos, enseres e incluso piezas con destino al floreciente
mercado inglés de obras de arte. Pero lo excepcional del
caso es el desarrollo posterior de los hechos: las naves de guerra
francesas debían seguir su destino, por lo que vendieron
rápidamente el barco y su carga a través de los agentes
franceses allí instalados a este efecto. Entre esa carga,
desde el principio aparece en la documentación la referencia
a un importante lote de cajones llenos de mármoles, pinturas,
dibujos, acuarelas y otras preciosidades más, que fueron
adquiridos por la Sociedad de Lonjistas de Madrid y almacenados
en el puerto de Málaga, hasta que fueron comprados por el
Estado español para la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando, en cuyo museo y almacenes se ha conservado la carga casi
íntegra desde entonces.
Ahora, una exposición itinerante muestra las obras de arte
que transportaba el barco inglés. José Jacobo Storch
de Gracia, profesor de Arqueología de la Universidad Complutense,
detalla en este número la peripecia del barco inglés
y las características de las obras que transportaba en sus
bodegas, hoy de incalculable valor.
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