|
Recién
llegado de Moscú, donde asistió a la inauguración de una exposición en el Instituto Cervantes, Ramón Masats dialoga en este
número con Marie-Loup Sougez y los lectores de "Descubrir
el Arte".
El reconocimiento tardío deparado a la obra de un incansable
recolector de bellas imágenes se ha plasmado últimamente en
muestras que, por fin, han dado a conocer al gran público la
producción de un artista cuya trayectoria responde a una voluntad
nunca desmentida de registrar su entorno a través de un ojo
privilegiado.
Cuando empezaron a llegarle las muestras de reconocimiento, hace
ya algunos años, se mostraba reacio a cualquier obligación
inherente a la tardía fama. Ahora, responde a ellas algo remolón,
pero siempre dispuesto a contestar, "aunque sea por mera
cortesía". Con motivo de la próxima muestra individual,
comisariada por Chema Conesa, que se podrá contemplar en la
madrileña Sala del Canal de Isabel II hasta el 15 de enero, Masats
desgrana los hitos de su trayectoria profesional, advirtiendo de
antemano que es de natural perezoso y que, si ha trabajado, ha sido
por pura necesidad.
Masats (Caldes de Montbui, 1931) explica cómo empezó a disparar
con su primera cámara, recién licenciado de la mili, y lo que
representaron para él el paso por la acartonada Agrupació
Fotográfica de Catalunya y la Real Sociedad Fotográfica en su sede
madrileña, un lugar de encuentro donde pudo coincidir con los que
iban a ser los mejores fotógrafos de su generación: Xavier
Miserachs, Oriol Maspons, en Barcelona; Gabriel Cualladó, Leonardo
Cantero o Paco Gómez, en Madrid.
|