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Nacidos
ambos en la Florencia (Leonardo a unos pocos kilómetros, en Vinci)
del Renacimiento y genios indiscutibles del arte universal, Leonardo
y Miguel Ángel encarnan mejor que nadie el ideal de esa difícil
técnica que es el dibujo.
Leonardo (1452-1519), de una generación anterior a la de Miguel
Ángel (1475-1564), y ejemplo máximo del artista del Renacimiento,
presentó la doble faceta, tan común entonces, de pintor y
escultor, más volcado en la primera que en la segunda; fue también
arquitecto o al menos planteó algunos edificios importantes y,
además, se le puede considerar como un ejemplo puro de científico
e inventor. Utilizó el dibujo de forma muy variada.
Miguel Ángel, artista por excelencia, escultor en la misma
sublime medida que pintor, no rozó nunca el mundo de la ciencia,
aunque sí de la poesía, e hizo del dibujo un uso específico y
único para sus creaciones artísticas y para sus proyectos de
arquitectura. En estos primeros meses del año, dos exposiciones que
se celebran en Nueva York y París sacan a la luz los mejores
dibujos de los dos grandes maestros. La ocasión, sobre todo en su
sede europea, se presenta como un acontecimiento único y de gran
significación, al presentar al público algunos ejemplos que no
deben ser manipulados ni expuestos a la luz con frecuencia.
Manuela Mena anticipa los detalles de una y otra muestra y
explica la historia de los dibujos que ahora se exponen.
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