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Conocida
hasta ahora como una de las capitales del Barroco en el Norte
italiano, Turín ha sufrido una profunda transformación en los
últimos años, fruto de la proyección que la ciudad quiere obtener
con la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno en 2004. La
remodelación y limpieza de sus lugares emblemáticos ha dado lugar
a una ciudad en la que, además de descubrir a Juvarra en cada
rincón, busca también un puesto entre las capitales impulsoras del
arte contemporáneo. "Artissima", la reconversión del
Palazzo Rívoli en Museo de Arte Moderno y la nueva sede de la
Fundación Re Rebaudengo son algunas de las nuevas ofertas que
Turín ofrece al visitante, al que no choca la completa unidad entre
tradición y contemporaneidad de una ciudad, símbolo de FIAT, que
posee una gran entidad propia.
Uno de estos hitos de su nueva modernidad lo
constituye el Museo Nazionale del Cinema, situado en pleno centro,
dentro de un atípico edificio: la Molle Antonelliana. Diseñada en
1863 por Alesssandro Antonelli, estaba destinada a ser el templo de
la importante comunidad judía de Turín. Bajo la denominación
común de Museo del Cinema se incluye una de las mejores colecciones
dedicadas a la imagen, en este sentido amplio, ya que, además de la
mejor filmoteca de cine mudo europeo, posee una importante
colección de cámaras fotográficas, cámaras lúcidas, placas
autocromas, una biblioteca, salas de proyección y un sinfín de
elementos más, que representan el pasado y el presente de la imagen
en movimiento.
Helena Pérez, historiadora del Arte,
visita en este número las instalaciones del Museo, el planteamiento
de sus salas, y presenta los detalles de sus colecciones.
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