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"La
Reina de Saba había oído hablar de la fama de Salomón, y vino a
Jerusalén a probarle por medio de enigmas, con gran séquito y con
camellos que traían aromas, gran cantidad de oro y piedras
preciosas". Hace más de tres mil años, encabezando una
caravana fabulosa, según relata la Biblia, la soberana más
misteriosa de la Antigüedad abandonó su reino en Etiopía para
encontrarse, tras cruzar el mar y el desierto, con Salomón. Aquél
encuentro pervive hoy en la memoria colectiva, una memoria que han
alimentado desde hace siglos pintores, escritores, compositores y
cineastas.
En la historia de Salomón y la Reina de Saba se maceran
sutilmente simbolismo y realidad. Ahora, este mes de febrero, se
inaugura en Madrid, en el Centro Cultural Conde Duque, una
exposición que, tras haber recorrido distintos museos europeos,
expondrá algunas de las obras de arte más importantes de la
época, permitiendo adentrarse fielmente en la tierra donde
prosperó la soberana. Esa tierra no es otra que Yemen, un país
situado en el extremo sur de la gran Península Arábiga, bordeado
por el Mar Rojo y el Golfo de Adén.
El periodista Rafael Sierra
recorre en este número los rincones de este mítico país (de una
extensión algo mayor a la de España), una especie de museo a cielo
abierto en el que compiten la arquitectura y la etnografía más
sorprendentes, que está a punto de reinaugurar la primera
infraestructura cultural importante de la nación: el Museo
Arqueológico de Sana´a, la capital yemení, ampliado y
rehabilitado.
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