|
Mezcla
imperecedera de influencias artísticas, periodismo, ideología,
ciencia, psicoanálisis, intriga, extravagancia, esoterismo e
indisimulada fascinación ante las innumerables variantes de lo
sobrenatural, el mundo de Tintín sigue vivo y coleando como eso
rabos de lagartija empeñados en seguir estirando su existencia, aún
después de teóricamente muertos.
Veinte años después de la muerte de su creador,
Georges Rémi, más conocido como Hergé, y 73 después de la primera de
las 24 entregas de la serie (“Tintín en el País de los Soviets”,
1929), las aventuras del joven reportero belga y su perrito Milú
continúan dando lugar a multitud de estudios, tesis doctorales,
programas de televisión, números especiales de revistas, libros y
demás elucubraciones, más o menos afortunadas, en torno a su origen,
su devenir y su impronta como uno de los tres o cuatro pilares
básicos del cómic de todos los tiempos, ese horrorosamente llamado
por los profesionales de la nadería ampulosa “el noveno arte”.
El ingente mercado editorial creado en torno al
muchacho del mechón rubio y su controvertido progenitor ha visto la
llegada a las librerías de una novedad que obliga a hablar de un
antes y un después en este ámbito de la “tintinología”: “Tintín. El
sueño y la realidad”, del periodista británico de origen francés
Michael Farr, que ha logrado, con inusitado lujo de detalles, trazar
una auténtica historia cronológica de las aventuras de del personaje
de Hergé y, sobre todo, proponer un inaudito tratado sobre las
influencias, confluencias e inspiraciones artísticas subyacentes en
la mente y el lápiz de Rémi a la hora de “parir” al personaje más
famoso del cómic mundial.
Borja Hermoso, periodista, anticipa los
detalles del libro de Farr y descubre la pasión que sintió el
creador de Tintín por el Arte.
|