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Adolf
Hitler fue un mal estudiante que fue expulsado de la Realschule de
Linz en 1904 a causa de sus deficientes resultados. Terminó la
secundaria en otro colegio de menor categoría, sin obtener el
certificado que capacitaba para ingresar en la Universidad.
Ocultó siempre la cruda realidad, refugiándose
en la antipatía de sus profesores, pero la verdad es que no
estudiaba, era incapaz de constancia y sólo mostró interés por el
dibujo, dilapidando cientos de horas leyendo novelas de aventuras.
Las riñas de su padre eran continuas. Alois,
con 63 años, se sentía desesperado ante la pereza e indisciplina de
su hijo. Adolf Hitler, en su “Mein Kampf”, recordaba la discusión
con su padre cuando le propuso abandonar la Realschule para
dedicarse a los estudios artísticos: “(…) Mi padre se quedó atónito.
Asombrado, exclamó:
-¿Un pintor?, ¿un artista…?
Pensó que estaba loco o que no había oído
correctamente mis palabras o, quizás, que las había malinterpretado.
Pero cuando le expliqué mis ideas y lo serio de mi decisión se opuso
con la tenaz determinación que le caracterizaba.
-¡Artista! No, mientras yo viva, ¡nunca!”
Adolf perdió a su padre dos años después. Tras
la muerte de su progenitor, sus estudios fueron de mal en peor,
dedicándose a dibujar planos para la remodelación urbanística de
Linz y pintando acuarelas y postales que le reportaron ingresos
cuando dejó de percibir su pensión paterna.
Ahora, una película, “Max”, de Nenno Meyjes,
enciende la polémica al acercarse a los años bohemios del dictador
nazi en Viena y Munich. David Solar, periodista e
historiador, director de “La Aventura de la Historia”y autor de “El
último día de Hitler” recrea en este número aquellos años de la vida
del tirano alemán. El artículo se ilustra con algunas de sus
acuarelas y postales.
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