|
Venecia
fue, desde finales del siglo XV, uno de los centros artísticos más
importantes del Renacimiento italiano, pero la aparición de Tiziano,
a principios del siglo XVI, determinó la consagración de esa escuela
y que se convirtiera, además, gracias al grupo de los pintores que
trabajaron en ella durante esa centuria, en una de las grandes
ciudades de vanguardia en el arte.
Pragmática y comercial, la Venecia del siglo XV
tuvo un mayor contacto que otros centros italianos con el norte de
Europa por una lado y, como algo casi exclusivo de la República
veneciana en ese periodo, con los países orientales. Lo indica
claramente el regusto de lujo y sensualidad que en Venecia iba más
allá de la noción occidental de esos conceptos. Sus relaciones con
Flandes, por ejemplo, hicieron que, en lo que se refiere a la
pintura, llegara a Italia, a través de Venecia precisamente, la
técnica de la pintura al óleo, importada por uno de los artistas
establecidos en ella, el siciliano Antonello da Messina.
En este ambiente, se gestó hace cinco siglos la
obra de una de las figuras artísticas más importantes de todos los
tiempos: Tiziano, uno de los centros de primera magnitud artística
del Renacimiento en los que se cimentó la modernidad.
Ahora, el Museo del Prado inaugura una
exposición que, a través de 65 obras, recorre las diferentes etapas
del artista italiano, desde su temprana vinculación a pintores como
Giorgone y Bellini hasta la obra que realizó en sus últimos años. La
muestra, que estará abierta hasta comienzos de septiembre, permitirá
adentrarse en la Venecia del siglo XVI. Con motivo de la
retrospectiva, Manuela Mena y Asunción Doménech
analizan en este número la vida y el lenguaje del artista italiano.
|