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““La
moda no es un arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un
artista”. Yves Saint-Laurent, el gran maestro de los modistos
franceses de la segunda mitad del siglo XX, exponía con estas
palabras, en su discurso de retirada del mundo de la alta costura,
la relación nunca del todo bien definida entre dos disciplinas
complementarias, con múltiples afinidades e influencias mutuas y,
sin embargo, en apariencia tan antagónicas: el arte y la moda.
“Cuando trabajo con la tela sobre los maniquíes es como si estuviera
esculpiéndoles el cuerpo”, confesaba recientemente el aragonés
Manuel Pertegaz, exponiendo su punto de vista sobre el asunto. “La
costura es arte. Hay texturas, color, tiene algo de arquitectura, y
todo eso no se improvisa: lo importante es la idea”. Similares
inquietudes, por poner un último ejemplo, llevaron al malogrado
Manuel Piña a afirmar en su última colección había “pintura,
escultura y poemas de amor”.
La reflexión actual sobre el valor artístico de la moda no es en
modo alguno superflua. Antes bien, se antoja imprescindible en un
momento histórico como el que vivimos, en el que las fronteras entre
el Arte con mayúsculas y el diseño están cada vez más difuminadas, y
en el que el segundo, del que tan sólo una manifestación es la moda,
está penetrando con descaro en los templos consagrados en exclusiva
desde hace siglos al primero.
Ahora, el Museo Reina Sofía acoge en Madrid la primera gran
exposición sobre la moda española. Pasado, presente y futuro se dan
cita en una ambiciosa muestra que reivindica la etiqueta “made in
Spain”. Héctor Izquierdo expone el estado del debate en el
mundo artístico español actual y ofrece los detalles de la muestra,
que trata de mostrar una visión global de la moda, desde la creación
al manufacturado.
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