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En
medio del recalentado clima de la nueva economía de mercado, uno
casi llega a olvidarse de que la economía es algo más que un valor
puramente reflejado en euros. La economía, así lo dice el
diccionario de la Real Academia Española, es además la “contención o
adecuada distribución de recursos materiales o expresivos”. Los
últimos acontecimientos nos revelan que, gracias a la cada vez mayor
globalización de capital, bienes, ideas y personas, también en el
sector artístico se está llevando a cabo una redistribución de
recursos, que está sentando paulatinamente las bases para una nueva
economía del arte.
A lo largo del siglo XX, el artista siempre se
ha mostrado como uno de los mayores emprendedores en el campo social
y económico, donde proponía cambios radicales que afectaban al arte
y a la sociedad. Nadie habla ya de revolución, pero la realidad nos
muestra que el artista actual, finalmente liberado de las
limitaciones del modernismo, encuentra diferentes y relevantes
maneras de trabajo que sugieren nuevas alternativas.
Así, el contexto actual se caracteriza entre
otros por un creciente interés por parte del artista plástico por
otras disciplinas, como el diseño, la moda, la arquitectura, la
danza, la música, el cine, el cómic o ciertas artes tradicionales,
como la cerámica, lo que finalmente le acerca a un público objetivo
mayor. Como también, por una relación cada vez más estrecha entre el
artista y el mundo empresarial.
Paco Barragán
analiza en este número el auge de este fenómeno: los jóvenes
creadores que cada vez más se alían con las grandes empresas para
poder desarrollar sus costosos proyectos artísticos.
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