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Del
4 al 9 de febrero de 1939, en setenta y un camiones cargados
precipitadamente y avanzando bajo el fuego de la aviación
franquista, salían de España con destino a Perpiñán, los “velázquez”,
“goyas”, “grecos”, “rubens” y “tizianos” del Museo del Prado y
algunas de las mejores obras de arte de otros importantes museos
españoles. Pocos días después, el 12 de febrero, un tren especial
partía de Perpiñán con destino al Palacio de la Sociedad de Naciones
en Ginebra, con un cargamento de 1.868 cajas y un peso de 139.890
kilos de obras de arte, tal y como registró la aduana suiza.
Concluía así el largo periplo de nuestros
tesoros artísticos, huyendo siempre de los bombardeos de la guerra
que, desde Madrid, habían sido trasladados primero a Valencia,
después a Barcelona y, finalmente a los castillos de Peralada y
Figueras.
La pesadilla había comenzado en noviembre de
1936, cuando la aviación del ejército sublevado bombardeó sin
descanso el centro de la capital, dañando gravemente varios
edificios históricos, como la Biblioteca Nacional, el Museo
Arqueológico y la Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre
otros. Aunque lo peor estaba aún por llegar: el día 16 de noviembre
de 1936, en torno a las 8 de la tarde, varias bombas cayeron sobre
el propio Museo del Prado y sus alrededores, poniendo en peligro la
gran pinacoteca. El Gobierno de la República decidió entonces crear
la Junta Central del Tesoro Artístico, encargada de velar por el
patrimonio nacional, en la que trabajaron gentes de toda condición,
españoles y extranjeros, que lo dieron todo por salvarlo.
La exposición que ahora se exhibe en el propio
Museo, con el título de “Arte protegido”, es el tema de portada del
número de julio de “Descubrir el Arte”. La retrospectiva
muestra, por primera vez, a partir de fotografías y documentos en
muchos casos inéditos, la aventura de este salvamento artístico y
rinde homenaje a todos los que lo hicieron posible.
En un informe especial sobre “Arte y guerra”,
Arturo Colorado Castellary, Carmen Garrido, Pilar
Ortega Bargueño, Daniel Utrilla, Cristina Frade,
Ana Alonso Montes, Joaquín María Córdoba y Antonio
Lucas recuerdan la epopeya de los cuadros del Museo del Prado,
lo que sucedió en Moscú, París y Berlín durante la Segunda Guerra
Mundial, entrevistan a Juan Carlos Arce (autor de “Los colores de la
guerra”) y reconstruyen las recientes y terribles escenas del saqueo
del Museo Arqueológico de Bagdad. Además, cinco artistas españoles
ofrecen, en exclusiva para la revista, su visión personal sobre la
brutalidad y destrucción de la guerra misma.
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