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Holbein, retratos del alma

Humanistas, mercaderes, nobles y cortesanos pueblan la galería de personajes con la que el genial maestro renacentista alemán fijo para la posteridad la imagen de la Inglaterra de Enrique VIII. Este verano se muestran reunidos por primera vez en el Mauritshuis de La Haya.

 

Holbein, retratos del alma“Descubrir el Arte” dedica su propuesta central y gran tema de portada a la que, sin duda, se adivina como la gran exposición del verano en toda Europa: “Hans Holbein, 1497-1543”, que se exhibe en el Mauritshuis de La Haya. Pintor, dibujante y grabador, Holbein ha pasado a la inmortalidad justamente por sus retratos, sólo comparables a los de Durero o Tiziano. De sus estancias en Londres, en la brillante y desmesurada corte de Enrique VIII, nos han quedado las mejores muestras de su arte como retratista, donde con frecuencia unas simples y fugaces líneas sirven para desnudar el alma del personaje retratado. Cuando uno contempla, por ejemplo, su “Retrato de Enrique VIII” (una de las joyas del Museo Thyssen) se entiende por qué Holbein es considerado uno de los grandes retratistas de toda la Historia.

El tema escogido por el Mauritshuis para esta exposición no puede ser más singular, desde el doble punto de vista estético e histórico: los retratos de Hans Holbein “el Joven”, excepcional pintor, dibujante y grabador de la primera mitad del siglo XVI. Curiosamente, este museo es el único de los Países Bajos que cuenta con una obra distintiva del maestro, lo que permite configurar en torno a ella un escogido grupo representativo de su producción, compuesto por pinturas y dibujos. De hecho, es la primera vez que un museo holandés consagra una muestra monográfica al artista.

El riguroso y formidable compendio de piezas seleccionado procede de diferentes museos y colecciones, en lo que concierne a las creaciones pictóricas. La exposición en La Haya da pie, además, para viajar hasta el Londres de la época, su corte convulsa y sus infinitos palacios, donde el pintor alemán se hizo famoso hasta el punto de ser nombrado por Enrique VIII nada menos que “Jefe de los pintores del rey”.

Juan J. Luna analiza en este número la obra del artista alemán, sus características y diferentes épocas, y presenta los detalles de la muestra. Asunción Doménech descubre los magníficos excesos de la Corte de Enrique VIII y Mariano González-Arnao Conde-Luque recorre, cinco siglos después, el Londres que conoció el genial pintor y los lugares más emblemáticos de la época Tudor.






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