|
Durante
todo el siglo XX, Nueva York (además de París) jugó un papel
importante como plataforma de lanzamiento y centro de atracción para
muchos artistas hispanos. No se sabe si esta metrópoli (en plena
crisis financiera y herida por el ataque terrorista del 11 de
Septiembre) va a seguir disfrutando el mismo protagonismo que tuvo
en el escenario del arte internacional durante las cuatro últimas
décadas del siglo anterior. No obstante, su autoridad como capital
histórica del arte moderno y postmoderno sigue pesando enormemente;
tanto en el mercado mundial del arte como entre los colectivos
(críticos, comisarios, galeristas y directores de museos e
instituciones) que deciden qué es lo que se expone o se vende.
El entrecruce cultural y estético que tiene
lugar en Nueva York es, hoy por hoy, único en el mundo, tanto por su
cantidad como por su calidad. Por otro lado, hay artistas y espacios
de exposiciones en Nueva York que ofrecen propuestas de una gran
relevancia e interés para los conflictivos tiempos en que estamos
viviendo. Entre estos artistas, los hispanos (algunos, de origen
español) parecen gozar en la actualidad de una vitalidad fascinante
y siempre renovadora.
Dionisio Cañas refleja en este número
las actividades e influencias de esta comunidad de artistas, para
quien la Ciudad de los Rascacielos se ha convertido en un auténtico
laboratorio, en un gran estudio donde poner en pie sus arriesgadas
propuestas interpretativas.
|