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La pasada edición del festival austriaco de
creación multimedia Ars Electronica, celebrada en septiembre de
2002, fue presentada en estas mismas páginas como una “reflexión
crítica” centrada en “el arte como escenario de los conflictos
globales” (lema oficial).
Este año, el certamen (Linz, del 6 al 11 de septiembre), así como la
Competición Internacional de Ciberartes / Premios Ars Electronica,
otorgan el protagonismo al código, proclamado sin ambages como “el
lenguaje de nuestro tiempo”.
El modo en que dicha visión está reflejada en la
programación del festival y en los prestigiosos galardones que
concede la cadena de televisión austriaca ÖRF puede ser objeto de
debate, pero la aproximación a esa materia prima digital (código =
norma, arte y vida) resulta tan estimulante como prometedora.
El atractivo del certamen de arte electrónico por
excelencia reside, en esta ocasión, en la amalgama de algunas de las
muestras colectivas, obras y galerías más prestigiosas en este
entorno. Como ejemplos, cabe reseñar la “reedición” de la whitneyana
CODeDOC II, comisariaza por Christiane Paul, la presencia del
galerista neoyorquino Steve Sacks (Bitforms Gallery), y la
demostración, en el Electrolobby, de las posibilidades creativas del
lenguaje de programación Proce55ing (una variante de procesamiento
en inglés).
Juan Gonzalo, periodista, descubre en este
número todas las novedades del festival y aborda, en un segundo
artículo, las metáforas visuales y sonoras de la obra de Xavier
Pehuet.
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