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Abstracción
en 1800? ¿El siglo XIX termina en 1914? Dos preguntas, respondidas
con otra: ¿Por qué no? Ciertos historiadores fechan el siglo XX
entre la Primera Guerra (1914) y la caída del Muro de Berlín (1989).
Serge Lemoine, director del Musée d’Orsay de
París, al cabo de una carrera de historiador del arte orientada por
lo con-temporáneo, teoriza su propio recorrido. Así, busca los
orígenes del arte abstracto “a comienzos del XIX, en el momento en
el que Goethe (1749-1832) publica Farbenlehre”.
“Aux origines de l’abstraction 1800-1914” es,
entonces, un viaje a través de 150 obras –de Caspar David Friedrich
a Francis Picabia, cuya monumental Udnie (1913), “himno al cuerpo
transportado por la vibración sonora”, es portaestandarte de la
muestra–, instaladas en espacios diseñados por Jean-François Bodin y
Marc Vallet, “que nos conducen hasta 1914, fecha simbólica y plena
de consecuencias”.
Paradójico: la muestra, cronológica, comienza
sin embargo con una obra de hoy: un habitáculo en forma de cubo,
“bañado por un color vibrante, fugitivo e inaprensible; paredes
blancas para reflejar los colores y ángulos redondeados, como los de
un estudio fotográfico, para difuminar nuestras referencias
espacia-les”. Es un encargo de Lemoine a la belga Ann-Veronica
Janssens, quien deslumbrara, literalmente, en 1997, en Amberes, con
“una instalación que te zambullía en una luz blanca natural, cuya
densidad dependía de la niebla que flotaba en el espacio y
modificaba tu percepción”.
Óscar Caballero desgrana la
retrospectiva organizada por el Museo d’Orsay de París, en un
artículo que explica, además, las tres teorías convencionales sobre
el origen de la abstracción.
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