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Cuna de las más antiguas civilizaciones que
alimentaron más o menos intensamente a las culturas antiguas de
Occidente, el Medio Oriente actual está dividido prácticamente entre
dos grandes países –Iraq e Irán– que hoy son tristemente noticia por
haber sido incluidos en el “Eje del Mal” y cuyo patrimonio
arqueológico y artístico también ha sido objeto de atención
mediática por su precaria situación.
Los recientes sucesos del expolio en diversos
yacimientos de Iráq y del Museo de Bagdad han demostrado la
fragilidad de la salvaguarda del patrimonio histórico-artístico,
incluso si se trata de instituciones de rango nacional e importancia
internacional.
El caso de Irán tampoco ha escapado a esta
dinámica, pues ya en los tiempos de la larga guerra entre ambos
vecinos –casi una década de duración–, la cruenta campaña de
trincheras y bombardeos fronterizos afectó gravemente a multitud de
yacimientos situados a uno y otro lado del límite, situado en pleno
corazón del territorio de la antigua Mesopotamia, en el Valle del
Tigris.
La gravedad de la situación ha decidido a
“Descubrir el Arte” a llevar este problema a su portada del mes
de noviembre, coincidiendo con la brillante exposición sobre siete
mil años de arte persa que ahora está recorriendo España (primero
Valencia, después Sevilla y, finalmente, Zaragoza).
Jacobo Storch de Gracia presenta en este
número los tesoros que se pueden contemplar en la maravillosa
exposición, con piezas nunca vistas en España, procedentes del Museo
Nacional de Irán, en Teherán, que permiten acercarse a las
espléndidas manifestaciones artísticas de la región. En un segundo
artículo, Mariví Casanueva desvela la riqueza del patrimonio
iraní –desde Isfahan a Shiraz y de Persépolis a Kerman–, amenazado
por un posible ataque militar estadounidense.
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