|
Pese
a suponer una de las realidades más familiares e indiscutibles para
el hombre, el cuerpo aparece, paradójicamente, como una de las
conquistas más recientes llevadas a cabo por éste. Desde un prisma
estrictamente científico, la libertad para trabajar sobre el cuerpo,
para aplicar sobre su estructura todos los útiles ideados por el
ingenio médico, es un logro que ha conocido numerosos estadios, y
algunos de ellos relativamente próximos.
De hecho, no se puede olvidar que, durante la
Edad Media, las disecciones no sólo estaban prohibidas, sino que,
además, resultaban indispensables, ya que la efracción del cuerpo
por medio de instrumental médico se consideraba una violación del
ser humano, en tanto que producto supremo y paradigmático de la
creación divina.
Tal y como afirma David Le Breton, en su
imprescindible “Anthropologie du corps et modernité”, romper el
cuerpo, aunque fuera con fine científicos y sanadores, sería
“atentar contra la piel y la carne del mundo. En el universo de los
valores medievales y renacentistas, el hombre estaba atrapado por el
universo, era él quien condensaba el cosmos. El cuerpo no es
aislable del hombre o del mundo: él es el hombre y, a su escala, el
cosmos”.
Sobre este fondo de contrate se puede analizar
el “corpus” de dibujos realizados por Ramón y Cajal como complemento
a su revolucionaria labor científica, que ahora se puede contempla
en una exposición organizada en Madrid. Aunque Tales obras
pertenezcan a la categoría del “dibujo científico”, no se debe ver
en ellas una mera traslación del conjunto de datos revelados a la
observación, sino, más bien, el resultado de un proceso de
discriminación que permite considerar la práctica dibujística de
Cajal como algo más que un simple medio documental.
Alberto Cruz Sánchez presenta en este
número algunas de las obras de la exposición y cuenta la conexión de
la obra científica del médico aragonés con algunos de los
principales movimientos artísticos de la época.
|