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Aisladas, ahora, de las grandes vías de
comunicación y a salvo, precisamente por ello, de especulaciones
inmobiliarias y otras tentaciones urbanísticas, las ciudades de
Úbeda y Baeza pueden presumir de haber sabido preservar sus tesoros
artísticos, mostrando todavía hoy no pocas joyas de su pasado
esplendoroso.
La UNESCO las ha premiado hace pocos meses, con
toda justicia, incluyéndolas en el exclusivo grupo de Ciudades
Patrimonio de la Humanidad. Pero el organismo internacional premia,
no hay que olvidarlo, no sólo a aquellas ciudades que poseen
importantes monumentos artísticos, sino, especialmente, alas que han
demostrado esforzarse por conservarlos.
Úbeda y Baeza, separadas por escasos
kilómetros, se muestran hoy como dos magníficos ejemplos de la
eclosión del arte renacentista en España, un arte que, sobre todo en
la arquitectura, empezó por el Sur, cuando Andalucía vivía sus años
de esplendor económico y artístico. Incluso en un país tan rico como
el nuestro, sorprende encontrar hoy día ejemplos tan preservados y
armónicos como éstos.
Por ello, ambos conjuntos representan un buen
ejemplo de lo que podríamos llamar turismo sostenible, donde el
respeto por la cultura y el arte priman por encima de especulaciones
y negocios rápidos. El día en que dejen de ser respetuosas con su
acervo artístico se habrán convertido en un ejemplo de ciudades sin
memoria (como no pocas ciudades españolas, por otra parte).
“Descubrir el Arte” invita a conocer, en su
número de diciembre, lo mejor de estas dos auténticas joyas del
Renacimiento español. Delfín Rodríguez explica la evolución
de Úbeda y Baeza a lo largo de los siglos, a partir de su propia
tradición inventada. Y Alfredo J. Morales e Ignacio
Henares, repasan, respectivamente, el urbanismo de cada una de
las dos ciudades y su intensidad estética y sentimental.
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