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Cuenta
Burgos desde el pasado 31 de octubre con un eslabón propio de la
cadena de establecimientos artísticos que están cambiando el
panorama cultural de las grandes ciudades de Castilla. El Centro de
Arte Caja de Burgos (CAB), localizado en un edificio de nueva planta
y hermosa factura, aunque quizás demasiado similar a la de los
museos de arte contemporáneo de estos últimos años, es una
iniciativa –financiada por la Caja de Burgos a través de los fondos
destinados a obra social– que conecta a los burgaleses con una
antología de lo mejor que se ha hecho, y se sigue haciendo, en arte
contemporáneo en España durante las últimas décadas.
Pero no sólo eso. Planteado como un centro de
arte y no como un museo, el CAB, dirigido por Rufo Criado (Aranda de
Duero, 1952) con la colaboración de Emilio Navarro (La Coruña,
1960), quiere influir en la vida de la ciudad, sacando a la calle
propuestas artísticas que pongan un acento de modernidad vital a la
joya medieval del casco viejo de Burgos.
Con ese fin, el edificio del Museo desafía a la
ciudad desde las alturas del barrio de San Esteban, donde sus tres
naves se abren en forma de abanico y se comunican con el entorno a
través de grandes ventanales. El Centro es obra de los arquitectos
Félix Escribano Martínez, Arantza Arrieta Gotilla, Santiago
Escribano Martínez e Ignacio Sáiz Camarero, que han empleado
mampostería, piedra de Silos, madera, zinc y vidrio en esta
estructura, a la que los habitantes de la ciudad han bautizado
informalmente como el “guggenheim” de Burgos.
Arturo Arnalte, periodista e
historiador, recorre las salas del nuevo centro, explica sus
colecciones y la muestra temporal de “delicatessen audiovisuales”
que, hasta el próximo 31 de diciembre, hay programada.
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