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Siempre
merece la pena viajar a Venecia. Viajar a Venecia en Navidad o
durante los días locos de su célebre Carnaval merece la pena un poco
más. Viajar a Venecia y tener la oportunidad de contemplar más un
tercio de los cuadros pintados por uno de los grandes maestros del
Renacimiento italiano es, quizá, una ocasión irrepetible.
Todas estas circunstancias se darán para los
que se acerquen a la ciudad con motivo de la exposición “Giorgione.
Le maraviglie dell’arte”, que podrá verse en las salas de las
Gallerie dell’Accademia hasta el próximo 22 de febrero y luego se
trasladará, en una versión ligeramente diferente, al
Kunsthistorisches Museum de Viena.
Hasta hace unos años hubiera sido algo
impensable poder contemplar juntos en un mismo espacio expositivo
obras como “Tres filósofos” y “Tempestad”; “Vieja” y la llamada
“Laura”; el “Cristo con la Cruz a cuestas” y “La Virgen con el Niño
Jesús y los santos Francisco y Nicasio”, o los dos frescos del
Fondaco dei Tedeschi, en los que se representan a una “nuda” y el
recién reaparecido “putto” alado de la antigua Colección Ruskin. La
única manera hubiera sido acudir a las páginas en color de los
“Clásicos del Arte”, donde a estos cuadros, dada su importancia, se
les reservaron muchas láminas.
Matteo Mancini presenta en este número
los detalles de la muestra del pintor, de breve y escasamente
documentada vida (de la que sólo se conoce con certeza la fecha de
su muerte, 1510), considerado uno de los grandes innovadores de la
pintura veneciana, en la que contribuyó a afianzar la centralidad
del color respecto al dibujo.
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