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En
1935, los hijos del barón Edmond de Rothschild, muerto el año
anterior, donaban al Museo del Louvre una colección de obras de arte
que incluía 40.000 estampas, 3.000 dibujos, 500 libros ilustrados e
incunables y otros objetos artísticos. En cualquier país del mundo,
una donación de ese calibre sería excepcional y habría que
preguntarse si en los tiempos que corren muchos harían lo mismo con
sus colecciones, aunque éstas no respondieran a la grandeza que
permitía la impresionante fortuna de los Rothschild.
El barón, sin embargo, pertenecía todavía a un
mundo anterior. El arte había representado entonces un concepto
superior, que daba lustre a las familias que lo poseían y hacía
perdurar su memoria en el tiempo.
Una parte de esa inmensa colección que los
Rothschild fueron gestando a lo largo de los siglos forma la
exposición que muestra ahora la Fundación March, con el título de
“Maestros de la invención”. Unir dibujos y estampas no es algo
natural, a pesar de que el soporte, el papel, sea el mismo en ambos
casos, La función de unos y otras es diametralmente opuesta, e
incluso el aspecto externo y su expresividad muy distintas, sobre
todo hasta mediados del siglo XIX.
Manuela Mena presenta en este número
cómo nacieron y se gestaron aquellos dibujos y estampas. La muestra
expone, entre otras, obras de autores como Rembrandt, Ferdinand Bol
y Benedetto Gastiglione.
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