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La caída del Muro de Berlín no se llevó por
delante sólo un régimen político, sino también todo un arte: el
comunista. Edificios, esculturas, pinturas, objetos, vestidos...
Todo aquello que se diseñó y creó bajo la hoz y el martillo se ha
desintegrado o reconvertido de diferentes maneras a partir de los
años noventa.
Dependiendo del país y de la simbología de la
pieza, ésta ha tenido un devenir u otro. Así, la mayoría de las
estatuas se derrumbaron (Lenin, Stalin, Ceaucescu,...), pues
simbolizaban al cien por cien el opresivo poder rojo, mientras que
los cuadros se están comenzando a exhibir ahora en diferentes
ciudades, especialmente germanas, para demostrar que también hubo
arte al otro lado del Telón de Acero. Sin embargo, si hubiese que
especificar el lugar más común donde han quedado relegados los
productos de esa factoría comunista de los sueños, habría que decir
que éste se halla en los museos.
Alemania, el país dividido durante años en Este
y Oeste, está acogiendo en los últimos meses una serie de
exposiciones centradas en las creaciones que se realizaron en
territorio comunista durante aquellos años. Francfort y Berlín son
las dos grandes urbes que más dedican sus salas a las obras de los
autores que convivieron con el criticado régimen inspirado en el
marxismo.
Silvia Román aborda en este número los
diversos eventos relacionados con el arte comunista que se están
celebrando en estos momentos en el país germano. La autora informa
de cómo los famosos iconos del temido “peligro rojo” se subastan hoy
en día por cifras millonarias en las salas de subastas de todo el
mundo y de cómo se está recuperando, paulatinamente, gran parte de
su iconografía en el Este de Europa.
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