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La tumba de las pesadillas
Nada tiene de extraño que, para
celebrar el quinto centenario del comienzo del pontificado de
Julio II, la ciudad de Roma haya querido celebrarlo
restaurando su mausoleo en la iglesia romana de San Pietro in
Vincoli. No en vano, fue a partir a partir del pontificado de
Julio II cuando los máximos protagonistas del arte
renacentista que ocuparían el escenario romano a lo largo del
siglo XVI –como Sangallo, Bramante, Miguel Ángel, Rafael,
Peruzzi, Giulio Romano…– comenzaron a rivalizar entre ellos
con su obra, su inventiva y sus virtuosismos, creando aquel
irrepetible taller cultural que fue la ciudad de Roma y cuyos
frutos llegarían a dirigir el rumbo del futuro artístico en
Europa hasta el siglo XVIII.
Aplicando el sistema de limpieza en
húmedo –la misma utilizada últimamente en Florencia para el
David, su obra maestra–, la operación le ha devuelto la
luminosidad que tuvo en el momento de su ejecución y que
pretendía resaltar el significado espiritual de la sepultura y
de la personalidad de Julio II.
Carmen del Vando detalla en este
número los detalles de la restauración de la obra, un proyecto
que, en su día, causó numerosos quebraderos de cabeza a Miguel
Ángel.
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