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Cuando la población de una
polis griega crecía por encima de lo que las tierras cultivadas
permitían alimentar, una parte de sus habitantes partía por mar para
paliar el superávit y fundar una colonia en tierras lejanas, que era
una suerte de clon de la original en su modelo político y social.
Quizás desde el siglo VII
a.C., y con certeza ya en el VI, varias ciudades griegas de la costa
jonia, notoriamente Mileto, algunas del Ática, como Mégara, y la
isla de Quíos enviaron sus excedentes de población al mar Negro, que
de mar Inhóspito pasó en un siglo a ser bautizado como el mar
Hospitalario.
Mientras que, por obvias
razones históricas, conocemos bien la evolución política y las
formas artísticas desarrolladas en las colonias griegas del
Mediterráneo occidental, sobre todo en el sur de la península
itálica y Sicilia, la evolución del modelo cultural griego en
contacto con los pueblos bárbaros, especialmente los escitas,
pueblos guerreros, venidos del Este, maestros en el tiro con arco y
excelentes orfebres estuvo prácticamente olvidada durante siglos.
Ahora, de la mano del Ermitage Amsterdam, las mejores piezas de oro
griego llegan por primera vez a Occidente. El periodista e
historiador Arturo Arnalte recorre en este número la
exposición, presenta sus piezas más significativas y explica el
nacimiento y técnica de una orfebrería cuya belleza no pudo ser
igualada en todo el mundo antiguo. El artículo informa, igualmente,
de los centros satélites que está creando el Museo del Ermitage con
el fin de poder exhibir fuera de la sede original sus fondos.
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