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Los tesoros de Tutankhamon

Hace ochenta y dos años, Howard Carter descubrió, intacta y repleta de joyas, la tumba más famosa de la Historia. Basilea expone una selección de cincuenta de ellas.

 

Los tesoros de TutankhamonEn una tibia tarde de hace ochenta y dos años –eran las cuatro de la tarde del 26 de noviembre de 1922–, Howard Carter abría un pequeño agujero en una puerta sellada situada en el fondo del corredor de una tumba que él mismo había encontrado tres semanas antes. Tras despejar los escombros con los que se había taponado el corredor, el arqueólogo británico se dio cuenta de la importancia del hallazgo que tenía entre manos: se trataba de una tumba intacta que se había librado del expolio secular sufrido por los enterramientos de los faraones de Egipto.

Una casualidad –la construcción de unos barracones para los obreros que trabajaban en otras tumbas del Valle de los Reyes– permitió que los escalones de la entrada a la última morada de Tutankhamon quedaran ocultos ya desde los tiempos del Imperio Nuevo, hace más de tres mil años.

Tras varios días de espera, a la llegada de lord Carnarvon –egiptólogo aficionado y bajo cuyo patrocinio financiero se estaba realizando la última de las campañas arqueológicas que durante una década habían emprendido juntos en el Valle de los Reyes– Carter miró a través de aquel agujero, en una escena que no por tantas veces publicada deja de seguir emocionándonos, tal como recogió con unas frases célebres en sus memorias: “Al principio no pude ver nada, ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía temblar la llama de la vela, pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro. Por un momento, que debió parecer eterno a los otros que estaban esperando, quedé aturdido por la sorpresa, y cuando lord Carnarvon, incapaz de soportar la incertidumbre por más tiempo, preguntó ansiosamente: ‘¿Puede ver algo?’, todo lo que pude hacer fue decir: ¡Sí, cosas maravillosas!”.

El Antikenmuseum Basel und Sammlung Ludwig de Basilea expone hasta el 3 de octubre una selección de cincuenta de “aquellas cosas maravillosas”. José Jacobo Storch de Gracia relata en este número los detalles de aquel mítico descubrimiento y presenta las piezas más importantes de la actual exposición.





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