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Concluido el espectáculo
vivido semanas atrás con motivo del relevo en la dirección del Reina
Sofía, el Museo inicia una nueva etapa e inaugura su ampliación con
una importante muestra antológica de Roy Lichtenstein, figura clave
del pop art americano.
En 1964, la revista Life
publicó un artículo en el que el autor se preguntaba si Roy
Lichtenstein era el peor artista de Norteamérica. Cuarenta años
después, los cuadros pop de Lichtenstein, basados en tiras cómicas,
anuncios de periódico y reproducciones de bellas artes, se venden
tan caros como las obras de Renoir y Monet.
Él no esperaba otra cosa
que ser condenado por los temas y por el estilo de sus pinturas. La
disyunción entre sus temas, propios de la cultura de masas, y su
estilo sofisticado e ingenioso, que debe mucho más a Léger que a
Disney, es parte de la permanente atracción que ejerce su Arte tanto
sobre los entendidos como sobre el público. Desde el principio,
Lichtenstein deseaba ser incluido entre los herederos de Picasso,
pero ocultó su ambición en una iconografía banal. Como los demás
artistas pop, se unió a la batalla para liberar el Arte americano de
sus antepasados europeos. Daba la impresión de que los artistas pop
estaban atacando al expresionismo abstracto, pero lo cierto es que
los admiraban como a unos héroes, a la vez que pensaban que tenían
que emprender un camino que fuese en otra dirección, aun cuando eso
significara parecer unos ignorantes.
La especialista Barbara Rose recorre en este número la vida
del artista norteamericano y desgrana el proceso empleado por
Lichtenstein desde 1961, para realizar sus lienzos inspirados en
tiras cómicas.
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