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Los guerreros de Xian,
pétreos centinelas del ejército funerario del emperador chino Qing
Shihuang, presentes durante este verano en una importante exposición
en el Forum de Barcelona, constituyen tan sólo una pequeña muestra
de uno de los más impresionantes hallazgos arqueológicos del siglo
XX y de la vigencia e interés que siguen despertando los vestigios
de las más antiguas culturas del mundo.
En este número de agosto,
tiempo de vacaciones y viajes, les proponemos un recorrido por el
fascinante mundo de la arqueología, por los orígenes de esta ciencia
donde conviven investigación histórica y aventura y por cinco
emblemáticos sitios arqueológicos de muy diferentes culturas, épocas
y continentes: el mausoleo de Qin Shihuang en China, las ruinas
mayas de Palenque en México, el Valle de los Reyes en Egipto, la
ciudad hispanorromana de Mérida y Pompeya, la villa sepultada hace
casi dos mil años por las cenizas del Vesubio.
La historia de su
descubrimiento, de su estudio y conservación nos remonta a la época
del Renacimiento, cuando el interés por las antigüedades griegas y
romanas y sus huellas artísticas marcó el comienzo de la
arqueología, que poco a poco fue extendiendo su campo de acción
hacia otras tierras y culturas, dando origen a una historia
salpicada de luces y sombras, de grandes descubrimientos, pero
también de saqueos y expolios que colean todavía hoy (por ejemplo,
la nunca atendida reclamación griega por los frisos del Partenón que
se exhiben en el Museo Británico de Londres o el más reciente
intento de las autoridades egipcias por recuperar el famoso busto de
Nefertiti que guarda el Museo Egipcio de Berlín).
José María Luzón vuelve su
vista atrás y repasa los orígenes de la arqueología moderna como
ciencia. Francisco Martín y Teresa Bedman visita el refugio de los
faraones en el Valle de los Reyes; Juan Pablo Cardenal se adentra en
el reino subterráneo de la dinastía Qin; María Josefa Iglesias vuela
hasta la corte de Pakal, en Palenque; Irene Hernández Velasco se
traslada a la excavación eterna de Pompeya; y José María Álvarez
camina por los rincones de Mérida.
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