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Tres de las principales ciudades de Flandes –Bruselas,
Brujas y Gante– figuraban en el recorrido que, por los Países Bajos,
y especialmente por sus museos e iglesias, realizó un insatisfecho
artista de ficción buscando modelos donde inspirarse. Aquel
peregrinaje de Silvio Lago, el protagonista de “La Quimera” (1909)
–novela clave de la evolución de Emilia Pardo Bazán, desde el
realismo hacia el espiritualismo simbolista que impregnaba los
ambientes culturales “modernos” del cambio de siglo– permitió a la
escritora lucir sus conocimientos y expresar su valoración estética
sobre algunos de los más señalados artistas flamencos, singularmente
Van Eyk, pero también Van der Weyden, Memling y Rubens.
Doña Emilia, pionera en España de los viajes
culturales, que luego describía con todo lujo de detalles en sus
libros y crónicas periodísticas, marcaba así ya los hitos de
cualquier itinerario por las monumentales ciudades que, desde la
Edad Media, han prosperado en esta fértil llanura noreuropea, hoy
integrada en el reino de Bélgica.
Sin embargo, frente al casi exclusivo hilo conductor de la pintura
en aquella ruta novelada por Pardo Bazán, son muchos y diversos los
incentivos que la Historia y la cultura flamencas pueden ofrecer a
cualquier viajero actual que elija Flandes como destino.
Son muchos y muy diversos los incentivos
artísticos y culturales de las ciudades flamencas. Gante, Lovaina,
Brujas y Malinas, cada una a su manera, parecen ciudades detenidas
en el tiempo y, sin duda, ahí reside mucho de su encanto.
Asunción Doménech recorre en este número las ciudades belgas
más emblemáticas, sus diferentes estilos arquitectónicos y centros
de vida urbana, y repasa las épocas más esplendorosas de su
historia.
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