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Art Gallery of Ontario
Mientras se prepara para una espectacular
ampliación que llevará el sello de Frank Gehry, este museo de
Toronto, puesto en pie mayoritariamente con donaciones privadas,
muestra la gran riqueza de sus colecciones.
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Toronto
es hoy el centro mayor y más internacional del mercado del Arte en
Canadá. Si bien Montreal y Vancouver tienen comunidades artísticas
muy activas, la capital de la provincia de Ontario es sede de las
principales empresas nacionales y multinacionales, y su peso
económico, su dinamismo demográfico, su cercanía a Nueva York y sus
proyectos culturales están haciendo de ella un destino internacional
a tener en cuenta. Tras años de relativo aislamiento, Canadá se ha
hecho consciente de las posibilidades de proyección exterior que sus
activos culturales le ofrecen (en las artes plásticas pero también,
y aún más, en el teatro, la danza, la literatura y la música) y ha
reaccionado tratando de poner al día sus infraestructuras.
La Art Gallery of Ontario, un museo muy
norteamericano en lo que se refiere a su historia y su
funcionamiento, emprenderá el año que viene una ambiciosa ampliación
diseñada por Frank Gehry. Fue fundada, con el nombre de Art Museum
of Toronto, en el año 1900 por un grupo de particulares, entre los
que abundaban coleccionistas y artistas, sin tener siquiera una
sede. En 1911, Harriette Boulton donó al museo su colección de Arte
europeo del XIX, junto a la que sería primera sede de la
institución, The Grange, una casa señorial rodeada de un jardín y
construida en 1817. En 1918, se edificaron junto a The Grange las
primeras salas de pintura y en 1926 se abrió Walker Court, con sus
galerías adyacentes. En los años treinta se añadieron dos galerías
y, en los setenta, se crearon dos grandes espacios: el Henry Moore
Sculpture Center y la Canadian Wing. A principios de los noventa se
sumaron el gran atrio de esculturas y restaurante y unas salas
menores para obra gráfica. Puede imaginarse de esta breve relación
de adiciones arquitectónicas que la AGO es hoy un gran “patchwork”
de salas y espacios no del todo bien conectados y de diversas
escalas y estéticas que ciertamente requerían una remodelación.
Elena Vozmediano adelanta en este número
las obras que afrontará el centro canadiense y enseña las piezas más
significativas de su colección –un total de 38.000 objetos, más o
menos la mitad de ellas, de artistas canadienses–.
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