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Desde
hace tiempo se ha venido diciendo que Pablo Picasso había sido el
autor de los dos signos pictóricos mejor identificados con la guerra
y la paz, esos dos esenciales protagonistas de la Historia del siglo
XX. Serían, de acuerdo con esta interpretación, respectivamente el
“Guernica” y la “paloma”.
La exposición que se está
celebrando en el Museo Picasso de Barcelona, organizada por María
Teresa Ocaña, se basa en esta idea y la confirma, ejemplifica y
documenta. Visitar la muestra permite ahondar de modo irrepetible en
el enigma de su capacidad creativa y, al mismo tiempo, en una
realidad de primera magnitud en el ámbito cultural de nuestro mundo
contemporáneo, el compromiso político del intelectual.
Ello a pesar de que el
historiador Pierre Daix haya sugerido que la temprana involucración
política del artista no parece que haya sido determinante ni
absorbente. Es posible que estuviera vinculado a los medios
intelectuales anarquistas desde el fin de siglo y que mantuviera una
posición muy antibelicista durante la I Guerra Mundial.
El hecho es, sin embargo,
que su movilización propiamente dicha en el terreno de la política
no se produjo hasta el momento del estallido de la Guerra Civil.
Además, hasta 1936 sólo había hecho una exposición verdaderamente
digna en Madrid. Por entonces seguía siendo un personaje remoto,
incluso entre los medios intelectuales de la capital.
El historiador Javier
Tussell repasa en este número la evolución del compromiso
político y social en la obra de Picasso, sus diferentes formas y
símbolos de expresión y su lucha artística por alcanzar su ansiada
paz universal.
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