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Cartagena de Indias fue
fundada en 1533 por Pedro de Heredia a orillas de una abrigada
bahía, descubierta en 1501 por Rodrigo de Bastidas y Alonso de
Ojeda. La ciudad se erigió sobre el poblado indígena de Calamari,
habitado por una tribu de mocanaes de raza caribe, en el extremo
norte de la bahía. Heredia había buscado durante meses un sitio más
conveniente para fundar una ciudad, donde hubiese agua corriente y
pastos para el ganado, pero ninguno le ofrecía, como éste, las
ventajas de un puerto seguro.
La ciudad progresó
rápidamente y dadas sus condiciones naturales se convirtió pronto en
escala obligada para el comercio con la Nueva Granada y el
Virreinato del Perú.
Ciudad de fortines y
murallas, de sangrientas historias de piratas en busca de galeones,
de fabulosos tesoros hundidos en el Caribe, de esclavos y santeros
mestizos y, gracias al nobel Gabriel García Márquez, de hermosas
historias de amor forjadas en tiempos del cólera, Cartagena de
Indias fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO hace
veinte años.
La ciudad colombiana, que
ha sabido preservar su arquitectura civil y militar, puede presumir
hoy de ser una de las más hermosas y mejor conservadas de América.
Siguiendo la ruta que “Descubrir el Arte” inició hace ahora un año
en Quito, nos adentramos este mes de septiembre en la ciudad dorada,
salpicada de casas, iglesias y conventos, donde es fácil rastrear la
herencia española en ultramar.
Alberto Samudio
recuerda la historia y evolución de la ciudad. Rodolfo Segovia
relata los ataques sufridos por la urbe acorazada y el monopolio
comercial hispano. Alfredo J. Morales realiza un itinerario
por su arquitectura militar, civil y religiosa. Marina Alfonso
Mola y Carlos Martínez Shaw rastrean la herencia española
en Cartagena y Jaime García Márquez, hermano del escritor
Gabriel García Márquez, descubre os escenarios donde vivió el Nobel
de Literatura.
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