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Piero della Francesca, halo de eternidad

Tras años de paciente restauración, los frescos realizados por el artista italiano para la Iglesia de San Francisco, en Arezzo, han recuperado todo su esplendor y se han convertido en el principal reclamo turístico de esta ciudad.

 

Piero della Francesca, halo de eternidadTras quince años de laboriosos trabajos de restauración, los frescos pintados por Piero della Francesca en la Iglesia de San Francisco en la ciudad toscana de Arezzo pueden ser de nuevo contemplados en todo su esplendor.

Llenando totalmente las paredes del presbiterio, en tres filas superpuestas de escenas, narran la “Leyenda de la Vera Cruz”. La solemne compostura de sus figuras y la luz inmóvil que las baña las hace parecer dispuestas a afrontar cómodamente la eternidad.

Sin embargo, tan azarosa como la historia que relatan ha sido también la de las propias pinturas, que en sus cinco siglos de existencia han padecido interrupciones, terremotos, guerras, inundaciones, vandalismos y, finalmente, la insidia, más lenta pero no menos dañina, de la contaminación.

Ya cuando Piero della Francesca las ejecutó tuvo que reparar grietas en la pared, por la inestabilidad del suelo. Se hicieron restauraciones importantes en 1858 y en 1915-16. En 1961-62, además de las grandes grietas y lagunas, se diagnosticó un peligroso proceso de degradación: el anhídrido sulfuroso, procedente tanto de filtraciones de agua como de la atmósfera, había atacado el carbonato cálcico del enlucido, convirtiéndolo en sulfato de calcio, dañando gravemente la superficie y apagando el color.

Pero entonces no se poseían los medios para frenar el proceso y hubo que conformarse con sujetar con resinas las zonas que se desmoronaban.

Hoy, por fin, tras una compleja restauración, los frescos de Arezzo han recuperado todo su esplendor. Consuelo Luca de Tena especifica los detalles de la restauración, la leyenda de la Vera Cruz y detalla las escenas y ubicación de los doce frescos de la iglesia. Una doble página ilustra a la perfección cada uno de ellos. En un segundo artículo, Manuela B. Mena Marqués califica a Della Francesca como el artista del orden y la geometría y explica su disciplina de trabajo.





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