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Vajillas para las
grandes mesas
“Los hombres no han
encontrado un signo de unión más expresivo que el de reunirse para
comer”, escribía Joseph de Maistre en Soirées de Saint-Petersbourg a
comienzos del siglo XIX. La vanidad humana llevará a desarrollar de
una manera muy especial el hecho de la comida, en función siempre de
reunir a diversas personas con algún motivo en particular. Los
montajes de las mesas, así como los diferentes manjares que en ellas
se consuman, dependerán de la categoría del anfitrión.
La mesa real es la primera
de todo un escalafón social, a la que tratan de imitar todas las
demás, y esta competitividad hará que se desarrollen modas y modos,
objetos, costumbres, alimentos y recetas que, a lo largo del tiempo,
influirán en el resto de las mesas del país. Fernando A. Martín
estudia en este número las múltiples formas y materiales que han
supuesto desde la Edad Media un elemento de distinción y capacidad
económica en las principales cortes europeas.
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