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Aztecas, grandeza y tragedia de un Imperio

La cultura más floreciente y emblemática de Mesoamérica desembarca en Nueva York. Su Arte, marcado por las paradojas de la Historia, sigue sorprendiendo al mundo por su riqueza y originalidad.

 

Aztecas, grandeza y tragedia de un ImperioEl Pueblo azteca, se proclamó dueño de un destino privilegiado. Superando adversidades, ese destino pareció, al fin, convertírse en realidad. Sin embargo, la historia de los aztecas, contemplada en su conjunto, es paradójica y también trágica.

De los aztecas, han llegado hasta nosotros incontables testimonios: monumentos –sacados a luz por los arqueólogos–, esculturas y pinturas, rica cerámica, muestras de su orfebrería, algunos libros o códices y no pocos relatos de su antigua tradición oral. Varias veces se han organizado exposiciones que dejan ver algo de su antigua grandeza. Hubo una de fecha temprana, 1824, que despertó gran admiración en Londres. A ella han seguido varias en el siglo XX y también en el presente. Recordemos la que se organizó en la National Gallery, de Washington, a raíz de las excavaciones del Templo Mayor de los aztecas y la que se abrió con ocasión del Quinto Centenario, en el Museo Arqueológico de Madrid; así como la de Amsterdam, en 2001; la que hasta finales de abril pasado ocupó la Royal Academy of Arts de Londres y la próxima entrega que será, a mediados de octubre, en el Museo Guggenheim de Nueva York.
Los aztecas atraen y cautivan por su Arte y, desde luego también, por las paradojas de su historia y su cultura. Fueron ellos la fachada más visible y cercana de la civilización originaria que floreció en Mesoamérica durante cerca de tres mil años.

La cultura azteca fue el último gran episodio de la civilización mesoamericana, y a ella corresponde un legado artístico monumental, del que ha quedado un rico registro documental, condensado de modo especial en descripciones y crónicas. Su Arte no constituye una ruptura ni una revolución respecto de sus antecedentes mesoamericanos, pero sí plantea soluciones idiosincrásicas que le confieren una personalidad propia; sobre todo en escultura pública.

Con motivo de la retrospectiva organizada en Nueva York,
Miguel León Portilla, historiador, investigador emérito de la UNAM de México, recuerda en este número la gestación y el dramático final de este pueblo. Andrés Ciudad explica las características de su arte, al servicio del poder, y Dionisio Cañas informa de los detalles de la muestra neoyorquina.
 





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