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Rodin, la huella de la escultura

Inventor de la escultura moderna, confronta ahora su obra con la de algunos de sus grandes colegas de los siglos XIX y XX, en una exposición que pretende poner de relieve las influencias y alternativas de sus trabajos.

 

Rodin, la huella de la escultura

En octubre de 1982, el Museo Rodin de París organizó un coloquio sobre Rodin y la escultura contemporánea que marcaría un hito en la consideración crítica de la herencia rodiniana en el siglo XX. Hasta entonces había dominado la visión de un artista que, por su plena conexión con la estética simbolista-modernista de su tiempo, parecía más cerrar una época que anunciar un talante nuevo.

Era más fácil relacionarlo con la tradición, en virtud de la conmovedora sensualidad de sus temas, junto a la preocupación técnica por disolver la superficie escultórica, como si fuera el resultado de un impreciso impulso sentimental, que explorar el aliento de un cambio que se pretendía revolucionario.

La Fundación “la Caixa”, que ha venido organizando distintas exposiciones de la obra de Rodin en España durante los últimos años (Zaragoza, Palma de Mallorca, Sevilla, Salamanca), en las que ya ofreció una visión renovada del genial escultor, se propone ahora, en el seno de CaixaForum, un cambio de perspectiva de más altos vuelos, con una reflexión expositiva en la que coinciden las obras de algunos de los grandes escultores del siglo XX junto a las de Rodin.

Carlos Reyero presenta en este número los detalles de la muestra, explica las dificultades que tuvo Rodin para abrirse camino en el competitivo ejercicio de la escultura en la Francia de la segunda mitad del siglo XIX y demuestra por qué el ejercicio y la percepción de la escultura como Arte conoció un antes y un después de Rodin.

La selección de obras y los textos del catálogo propone asimismo una visión más radical, una visión según la cual es posible redimir al postmodernismo del seco y descarnado conceptualismo, merced a la contribución de artistas marginadas del discurso. La de Fabre es una argumentación valiente y original que atañe a lo que han aportado las mujeres al Arte moderno y postmoderno, y al mismo tiempo un pronóstico sobre la capacidad profiláctica de la conciencia femenina como fuerza potencialmente transformadora y redentora. Su selección de obras, como ella admite, no es exhaustiva. No obstante, constituye una impresionante ilustración de la validez de sus argumentos.







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