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El tesoro de William Hamilton
A lo largo del siglo XVIII, y
especialmente en sus años centrales, la ciudad de Nápoles
alcanzó el momento de mayor esplendor de su historia moderna.
Con la llegada, en 1734, al reino de las Dos Sicilias de
Carlos VII –nuestro Carlos III desde la muerte sin herederos
de su hermano Fernando VI–, el joven rey se encontró al frente
de una capital de 350.000 habitantes, la tercera ciudad de
Europa tras Londres y París. En pocos años, Nápoles se
convertiría en un foco de primer orden en la cultura del Siglo
de las Luces.
En todo este panorama, un personaje
brilló con especial fuerza: sir William Hamilton, “enviado
extraordinario” del rey de Inglaterra en la Corte de Nápoles
desde 1764, por entonces encabezada por Fernando IV; como
embajador, permanecería allí cerca de treinta y siete años.
José Jacobo Storch de Gracia recuerda en este número la
peripecia de este noble inglés, aficionado a la arqueología,
que durante cuarenta años acumuló una gran colección que ahora
se exhibe en el British Museum de Londres.
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