|
Horror
al vacío. Gusto por la monumentalidad. Son varios los motivos
apuntados por los expertos sobre la presencia constante del azulejo
en el imaginario portugués. El país vecino representa un caso
insólito de producción sin fisuras de este elemento decorativo a lo
largo de su historia. Un hecho que justifica por sí solo la
existencia de un espacio privilegiado en Lisboa dedicado a situar
cronológicamente este objeto y constatar, al mismo tiempo, su
capacidad de reflejar el comportamiento de la sociedad portuguesa en
los últimos cinco siglos.
El antiguo Convento de Madre de Deus, que
inspiró el nombre del grupo musical homónimo Madredeus, fue fundado
en 1509 por la reina doña Leonor, viuda de don João II y hermana de
don Manuel I. El acceso a este monumento, situado en la ribera
oriental del Tajo, oculto por detrás de un paso elevado, no hace
justicia a un edificio majestuoso que albergó a las hermanas
Franciscanas Descalzas de Santa Clara hasta la extinción de las
órdenes religiosas en el siglo XIX. El edificio sufrió varias
intervenciones, entre las que destaca el claustro manierista del
siglo XVI; la iglesia, que cambió la austeridad de sus paredes de
piedra por revestimientos de pinturas y azulejos; la sacristía; el
coro alto y la capilla de Santo António, con decoración barroca.
Todos estos espacios van al encuentro del
visitante durante su recorrido por el patrimonio del museo, lo que
permite contemplar dos perspectivas diferentes de la historia de
Portugal.
Begoña Pérez visita en este número las
instalaciones del centro, presenta sus colecciones, descubre las
características del arte portugués de fabricar azulejos (que
incorporó a lo largo de los siglos elementos nuevos, al contacto con
otras culturas) y ofrece todos los datos útiles para la visita del
centro.
|