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El
escultor valenciano Miquel Navarro (Mislata, 1945) creció en un
paisaje salpicado por huertas y modestos complejos industriales.
Desde niño, sin embargo, sintió una fascinación especial por la gran
ciudad, que descubrió en los cómics, las fotografías y las películas
que caían en sus manos. Formado en la Escuela de Bellas Artes de San
Carlos, Navarro ha sido incapaz de liberarse de la obsesión por los
héroes y las urbes que quedaron atrapados en decenas de viñetas y en
su retina.
A partir de ahí, el
escultor ha creado su propio mundo, un universo que explora la
relación entre el cuerpo humano y la ciudad. Tras décadas de
trabajo, el artista ha decidido donar al IVAM, en una decisión sin
precedentes, más de quinientas obras que ilustran toda su carrera y
están valoradas en dieciocho millones de euros. Parte de las obras
se exhibirán de forma permanente en el museo valenciano.
Rafael Sierra
entrevista en este número al artista, que explica por qué ha tomado
la decisión de donar sus obras –atesoradas desde los años sesenta–,
reflexiona sobre el concepto de ciudad ideal y adelanta sus
proyectos futuros: “Me encantaría levantar un rascacielos”, confesa.
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