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medio camino entre Düsseldorf y Colonia, cerca de Neuss y casi
perdida en los paisajes del Bajo Rin, se esconde Insel Hombroich (la
isla de Hombroich). Difícil de encontrar, pues como sus propios
patronos proclaman “la magia no puede ser vendida, no debe ser una
comodidad”, y simplemente su publicidad no existe.
El proyecto comenzó en 1982, cuando el
coleccionista alemán Karl-Heinrich Müller compró la isla como inicio
de la gran realidad en la que hoy se ha convertido. Su manifiesto se
sigue resumiendo en tres palabras: arte, ciencia y naturaleza. En
1996, gracias a las ayudas federales, el sueño se materializó en la
fundación que hoy sigue aplicando la máxima original.
Con el paso del tiempo la idea original fue
evolucionando y se puede decir que actualmente Insel Hombroich es el
compendio de tres grandes núcleos, independientes pero
complementarios: Museum Insel Hombroich (la Colección Hombroich),
Raketenstation Hombroich (el Campo de Misiles) y Langen Foundation
(la Fundación Langen). El conjunto de las tres conforma el
Kulturraum Hombroich (el Espacio Cultural Hombroich). Todas
comparten una misma mirada hacia el futuro. Así, el pasado
septiembre de 2004 se inauguró una nueva etapa en la Isla, la de los
arquitectos del siglo XXI. Futuras realidades presentadas en la 6ª
Bienal de Venecia que estarán firmadas por un largo etcétera,
encabezado por Álvaro Siza, Frei Otto, Per Kirkeby, Daniel Libeskind
y el autor del, hasta ahora, único pabellón construido: Tadao Ando.
Maria López-Fanjul visita en este número
las instalaciones del centro, cuya colección de arte nipón es única
en Europa, tanto por su volumen como por su calidad, y descubre sus
piezas insólitas.
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