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Tesoros de Orfeo

El tracio más conocido, Espartaco, tuvo en jaque a varias legiones romanas. Las armas de este pueblo, el más numeroso de la Antigüedad, y sus objetos cotidianos forman parte de una exposición que “descubre” los mitos y ritos de esta cultura.

 

Tesoros de Orfeo

A pesar de compartir un mismo origen en el tronco de pueblos indoeuropeos y de haber mantenido abundantes y estrechas relaciones a lo largo de los siglos, los tracios eran casi unos desconocidos para los griegos, al menos hasta los inicios de la época clásica, ya iniciado el siglo V antes de nuestra Era. Bajo la denominación de tracios, dada por los griegos, en realidad se esconde una amalgama de pueblos diferentes que, durante un largo período de tiempo (desde los inicios de la Edad de Bronce, a fines del IV milenio antes de nuestra Era, hasta la llegada de los pueblos eslavos, allá por los siglos VI y VII) llegaron a ocupar un amplio territorio: en los momentos de su máximo apogeo, desde el Danubio hasta las costas del norte del Egeo y desde el mar de Mármara hasta el Adriático, hasta que los pueblos escitas por el este y los ilirios por el oeste redujeron su solar a la parte oriental de la Península de los Balcanes; la región de Tracia está, pues, presente en tres Estados modernos: norte de Grecia, la Turquía europea y la mayor parte del territorio de Bulgaria.

Los restos arqueológicos de la cultura tracia son abundantes, especialmente en el terreno de los monumentos funerarios (sobre todo, a partir del siglo V a.C.) y sus ajuares. Entre éstos, además de las armas (espadas, aljabas de bronce, cotas de malla, riendas de caballo) destacan los objetos de prestigio (algunas máscaras de oro, jarras, copas, ritones o vasos rituales, cuencos y platos, además de adornos de oro y plata para armas y guarniciones de caballos), es decir, las piezas que constituyen el afamado “oro de los tracios” y que es, quizás, el legado artístico más conocido, además de las tumbas de Kazanlak y de Sveshtari (con sus pinturas y relieves) o la única ciudad tracia excavada hasta la fecha, Seuthópolis. Muchos de estos yacimientos eran ya conocidos desde los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial, pero en 1983 se creó un Proyecto de Investigación búlgaro-germano (que aún continúa en la actualidad) sobre la región de Drama, en el sureste de Bulgaria, muchos de cuyos resultados se muestran por primera vez al público.

José Jacobo Storch de Gracia desgrana en este número el contenido de una exposición única, por la amplitud y calidad de las obras que exhibe, que ahora descubre en Barcelona los secretos de esta cultura. El artículo, ilustrado con las piezas de la muestra, explica el buen hacer que alcanzaron los tracios en el manejo de los metales.





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