|
En
el verano de 1977, Rodrigo conoció a Manuel en la piscina del Lago
de la Casa de Campo de Madrid. De ese encuentro nació una escultura,
con la que el artista triunfó en Arco en 1983, adonde la llevó la
galerista Fefa Seiquert, y una idea para un cómic. En Manuel, el
dibujante imaginaba una pasión amorosa que transcurría por
exteriores e interiores de Madrid, reproducidos con un exquisito
trazo y desde asombrosos puntos de vista.
Después de recibir varias
negativas en el mundo del cómic en Barcelona, Rodrigo propuso la
idea a los responsables de La Luna de Madrid y, en 1983, Manuel
echaba a andar en las páginas de la revista, convirtiendo a Rodrigo
en una estrella de la noche a la mañana. “Manuel fue un éxito
brutal. No era tanto un reconocimiento oficial, porque yo no era un
paladín de la Movida; al contrario, estaba en segunda fila, mirando.
Pero el tiempo me ha demostrado la entrega espontánea de la gente,
que me mandaba cartas desde toda España”, recuerda.
el peso del realismo
El asombroso dominio de la
perspectiva y la perfección técnica del dibujo de Rodrigo revelan su
formación técnica como arquitecto y sus estudios en la Facultad de
Bellas Artes. Rodrigo es un asiduo del Museo del Prado y un
enamorado del realismo. “Vuelvo siempre a Las Meninas, no tengo
remedio, y cuando dibujo se me ve el plumero. Me gusta el realismo
del siglo XX: Ramón Casas, Joaquín Sorolla. Dentro de lo más
moderno, el norteamericano Edward Hopper y, en el suelo patrio,
Antonio López, que me sigue volviendo loco”.
Manuel era la primera
propuesta gráfica en España que desarrollaba por entregas una
historia de amor entre dos personas del mismo sexo. Los
protagonistas vivían su relación con intensidad a plena luz, en una
sociedad que los aceptaba con total naturalidad. Arturo Arnalte
dialoga en este número con el artista, que publica la continuación
de la historia de Manuel en exclusiva, en Descubrir el Arte, y
presenta sus últimos proyectos.
|