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Estamos viviendo un fenómeno especialmente
interesante en la cultura artística contemporánea: la disolución de
las fronteras que parcelaban los territorios de cada especialidad. Y
en este mundo mestizo y permeable en el que todo se cruza, la moda
empieza a salir de sus vitrinas para ocupar los museos
tradicionales. Recordemos, como ejemplos más inmediatos, las
exposiciones de Armani en el Guggenheim de Nueva York y el de
Bilbao, “Tras el espejo. Moda española” en el MNCARS o las
monográficas dedicadas a Balenciaga, Pertegaz y Amaya Arzuaga e,
incluso, el caso David Delfín.
Y no deja de ser
sintomático que un centro como el Palacio de la Virreina, dedicado
fundamentalmente a exposiciones de cariz artístico, haya sentido la
necesidad de abrirse a la arquitectura con Oriol Bohigas, a las
artes de la ilustración con Nazario, a la foto de creación con
Leopoldo Pomés, a la renovación teatral con Ricard Salvat... y
también a la moda, lo que hace con el homenaje que Barcelona
tributa, hasta el 5 de junio, al modisto catalán más reconocido en
las pasarelas nacionales e internacionales: Antonio Miró. Un artista
estrechamente vinculado a la renovación del diseño en Barcelona, que
en las últimas décadas ha devenido parte de su identidad.
Daniel Giralt Miracle
escribe en este número sobre la trayectoria de uno de los iconos de
la renovación del diseño barcelonés. Su labor, caracterizada por el
rigor y la austeridad de sus piezas, ha sobrepasado ampliamente las
pasarelas.
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