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Felipe IV, la majestad del rey

Coincidiendo con el cuarto centenario del nacimiento de Felipe IV, el Museo del Prado recupera los grandes tesoros del Palacio del Buen Retiro, construido en honor de un rey apasionado por el Arte y que coleccionó obras de los mejores artistas de su época.

 

Felipe IV, la majestad del reyEl Alcázar de Felipe IV desapareció en el incendio de 1734, pero la imagen de sus interiores ha subsistido en algunos cuadros –pocos por desgracia– cuyos personajes se mueven entre sus muros: Las Meninas, los retratos de Carlos II en el Salón de los Espejos y los de Mazo que dejan entrever la Pieza Ochavada. Hace falta imaginación, pero al menos existen las imágenes. Sin embargo, tenemos que hacer un esfuerzo de imaginación muchísimo más fuerte, casi imposible, para reconocer en los destartalados interiores del Salón de Reinos –tal y como hoy lo podemos ver en el Museo del Ejército– ese suntuoso lugar, lleno de objetos de plata, de magníficos cuadros y de riquísimos tapices que sabemos atesoraba en su interior.

A pesar de la modestia de los materiales empleados en su construcción, el palacio del Buen Retiro era un lugar de una riqueza fabulosa, a tono con su condición de marco para la celebración de las fiestas más brillantes de la Corte. Y es que lo que en un principio quizá se había pensado como un pequeño “retiro suburbano”, “que eran cuatro aposentos donde pasar la Semana Santa y los pocos días en que su Majd. sale al campo apartado de bullicio”, rápidamente pasó a convertirse en un brillante escenario donde la majestad del rey luciera con todo su esplendor, como efectivamente fue cuando Felipe IV hizo su entrada a caballo, vestido de negro y plata, precedido por quince cuadrillas de jinetes vestidos con los mismos colores, durante las magníficas fiestas de 1637.

Con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Felipe IV, el Museo del Prado inaugura en estos primeros días de julio una muestra que reúne por vez primera las principales obras que en su día decoraron el Palacio del Buen Retiro de Madrid. La “estrella” de la exposición será, sin lugar a dudas, la reconstrucción en la propia galería central del museo, y prácticamente a escala, del Salón de Reinos, tal y como fue en su época. Es muy probable que esta reconstrucción sea utilizada por los propios responsables del museo como una especie de test acerca de cómo quedaría el Salón de Reinos en el caso de llevar adelante la idea de su reconstrucción en el actual Museo del Ejército, proyecto que cada día parece suscitar menos entusiasmos. En todo caso, y pruebas al margen, la exposición es una buena oportunidad para poder contemplar este programa iconográfico ideado por el Conde Duque de Olivares para mayor gloria y honra de su señor. Miguel Morán Turina recrea en este número la historia del conjunto regio, con la disposición original de las obras en sus paredes.






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