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Juan Gris, elevado al cubo

Casi ochenta años después de su prematura muerte, el pintor recibe, en forma de retrospectiva, un gran homenaje en el Reina Sofía. Su obra ha traspasado una frontera que muy pocos creadores del siglo xx han logrado alcanzar.

 

Juan Gris, elevado al cubo

Hace tiempo, Juan Gris era quizás aquello que se podría denominar, abusando de lo manido de la expresión, un pintor de culto. Hoy, por el contrario, el afecto hacia Gris y su obra ha logrado sobrepasar la frontera que tan sólo un determinado número de creadores de la modernidad artística han logrado traspasar: la del aprecio compartido entre los conocedores y un público cada vez más amplio. Ya casi nadie duda que Juan Gris, junto a Picasso, Miró y Dalí, forma parte del “cuarteto” mágico de nuestro Arte del siglo pasado. Aunque su relación con Picasso –protector y rival, al mismo tiempo– le obligó a vivir siempre en un segundo plano, cuando Gris murió con apenas cuarenta años, ya nadie dudaba de que, con su desaparición, se habían agotado todos los caminos del cubismo.

Pese a ello, parece imposible, todavía, plantear el acercamiento a Gris sin convocar tres circunstancias proyectadas como tres figuras inquietantes: los sinsabores de una vida castigada, la desabrida situación de una fortuna crítica paradójica y, en fin, su perturbadora condición de exilado.

La enfermedad y la pobreza se cebaron en Gris, incluso en buena medida le hurtaron brillo o satisfacción plena a los momentos en que sus contemporáneos supieron reconocerle como artista. Ambas, la enfermedad y la pobreza, provocaron sin duda su prematura muerte. Pero (y aquí es donde la paradoja comienza una de sus aperturas) la muerte de Gris, en 1927, a los cuarenta años, supuso el final de la experiencia cubista. Hasta tal punto en esa fecha se identificaban las posibilidades del cubismo con el desenvolverse de su obra.

El Reina Sofía, en el ojo del huracán por su polémico nuevo plan museológico, rinde homenaje a este madrileño, cuyo verdadero nombre era José Victoriano González, con una gran antológica que tiene todas las cartas para convertirse en la gran exposición del verano. Con motivo de la retrospectiva, Eugenio Carmona repasa en este número la vida, trayectoria y aportaciones artísticas de Gris, en un artículo ilustrado con los mejores cuadros del autor.






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