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Entre copistas y falsificadores

Desde la Antigüedad, la reproducción de obras de Arte ha servido para proveer de piezas de gran valor artístico a coleccionistas y marchantes. Éste es un recorrido por las más conocidas falsificaciones: algunas todavía se exhiben en importantes colecciones internacionales, otras llegaron a formar parte de la historia del Arte.

 

Entre copistas y falsificadoresAnualmente, en el mercado internacional de obras de Arte se efectúan ventas que alcanzan un valor fabuloso; se calcula que de la cifra global, cerca de un 10 por 100 –varios cientos de millones de dólares– está “incorrectamente empleado”, es decir, corresponde a obras falsas. Sin embargo, la falsificación de antigüedades no es exclusiva de nuestros tiempos tan mercantilizados, ni mucho menos, ni tampoco todas las obras falsas se han realizado con ánimo de lucro, si bien ésta es la principal razón que mueve a copistas y falsarios de todos los tiempos.

Antes de proseguir, conviene aclarar algunos términos empleados, pues permiten percibir al mundo de las falsificaciones de antigüedades como un fenómeno bastante más complejo de lo que a simple vista pueda parecer. En primer lugar, atendiendo al grado de verismo de la pieza realizada con respecto al original, podemos encontrarnos con réplicas –copias fidedignas hechas a partir de calcos o vaciados, por medio de moldes tomados directamente del original, de los que surge un clon–, reproducciones o copias libres, mejor o peor ejecutadas –hechas sin tocar el original– y recreaciones –obras inspiradas en otras, guardando más o menos fielmente el estilo del autor original.

Si nos atenemos al período histórico de las copias o falsificaciones, éstas pueden ser –obviamente– antiguas o recientes; si es la intención con que están hechas lo que cuenta, entonces nos hallamos ante el quid de la cuestión: una copia no es más que una reproducción de una obra antigua, realizada por su valor histórico, estético, simbólico o económico, pero sin perder su carácter primigenio de “segunda obra”. La falsificación requiere, por parte de alguno de los protagonistas implicados en la copia de antigüedades, la mala fe, es decir, se trata de una obra realizada con intención de engañar o que adquiere posteriormente su carácter fraudulento.

De este modo, un calco o vaciado de una escultura, una reproducción de una joya antigua o cualquier otra obra realizada por un artista para copiar una pieza famosa con la que satisfacer a una demanda coleccionista, se convierte en una falsificación en cuanto es considerada como un original –bien por descuido, bien intencionalmente– y es vendida como tal. José Jacobo Storch de Gracia y José Álvarez Lopera rastrean en este número los grandes fiascos de la historia del arte, sus casos más destacados, y las razones que impulsan a la falsificación.





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