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La moda de los ránkings es
tan vieja como el hombre. En efecto, hace ya más de dos mil años,
alguien decidió hacer una lista cerrada de las Siete Maravillas de
la Antigüedad. La cifra tiene una explicación bien sencilla: el
siete era entonces el número mágico, un número cerrado y redondo
(siete días de la semana, siete Sabios de Grecia, siete
planetas...). Pero, números aparte, dos cosas llaman la atención en
este listado de época helenística. Una, el criterio mismo de la
selección: una obra era incluida en el grupo sólo si era capaz de
combinar arte (belleza) y dificultad técnica. Otra, la obra podía
figurar en dicha lista aunque de ella sólo quedase el recuerdo (de
hecho, algunas ya no existían).
Las Siete Maravillas de la
Antigüedad se han convertido, desde entonces, en un verdadero mito y
en el símbolo de la capacidad de superación del hombre en su
búsqueda de la belleza. Los arqueólogos que todavía hoy excavan en
Alejandría o Rodas, en Pérgamo o el Valle de los Reyes son el mejor
testimonio de la vigencia de esa lista de las Maravillas con más de
dos mil años de antigüedad. La única que ha sobrevivido al tiempo y
a la acción destructiva del hombre es el conjunto de las Pirámides
de Giza, en Egipto, y esa es, justamente, la imagen que hemos
elegido como portada de este número de agosto. Una portada que
tendrá su contrapunto en el dossier de la revista de septiembre,
donde presentaremos las Siete Maravillas del siglo XX, según una
selección realizada por otros tantos críticos e historiadores del
arte.
Soha Abboud-Haggar, Ricardo Olmos, Manuel
Bendala, Delfín Rodríguez, Domingo Plácido, Federico Lara y José
Jacobo Storch de Gracia
cuentan en este
número la historia, las técnicas y las leyendas que rodean a las
pirámides de Egipto, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas,
el Faro de Alejandría, el Templo de Ártemis en Éfeso, los Jardines
Colgantes de Babilonia y la estatua de Zeus en Olimpia.
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