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La
palabra “instantánea” se ha instalado en nuestro vocabulario como
sinónimo de la fotografía, como si una cualidad pudiera definir el
todo que el poder de una sola imagen es capaz de mostrar. El
ejercicio de la fotografía, como producción creativa, exige un
ejercicio reflexivo, intelectual y, sin embargo, al mirar el
diccionario todos los sinónimos de “instantánea” no podrían alejarse
más de la idea de fotografía: fugaz, breve, fugitivo, momentáneo,
temporal, transitorio, efímero, perecedero…, ni siquiera con la
película polaroid.
El nacimiento de la cámara
y la película polaroid supusieron una revolución en la manera de
crear imágenes, era como volver a unos orígenes en los que una
fotografía volvía a convertirse en objeto único, al modo de los
primitivos daguerrotipos.
Cuando en 1881 se fabricó
la primera cámara Kodak, se buscaba esa misma idea bajo el lema
“Usted apriete el dedo, nosotros hacemos el resto”, pero hubo que
esperar hasta 1947 para que Polaroid fuera capaz de producir de
manera inmediata una fotografía. Esta dura competidora no lo fue
sólo entre el público aficionado, sino que fueron sobre todo
artistas de la fotografía quienes apoyaron e impulsaron esta nueva
película fotográfica, llegando a convertirse, hoy día, en un
instrumento imprescindible para los trabajos de estudio.
Helena Pérez Gallardo
explica en este número cómo la llegada de la película instantánea, a
mediados de los años cuarenta, revolucionó el concepto de la
fotografía contemporánea, convirtiéndose en imprescindible dentro
del estudio. Célebres artistas, como Ansel Adams, Robert
Rauschenberg o Helmut Newton, encontraron en ella el mejor medio
para expresar su creatividad e imaginación sobre el papel.
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