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Compton Verney

Una mansión inglesa del siglo XVIII abre sus puertas desde marzo hasta octubre, para mostrar las eclécticas colecciones de arte del magnate sir Peter Moores. ¿El último excéntrico o el último filántropo?
 

 

Compton VerneyPara Richard Greville Verney, había tres cosas importantes en la vida: “La caza del zorro, la casa de campo y la Cámara de los Lores”. La crisis económica hizo imposible, a partir de la Primera Guerra Mundial, el mantenimiento de tan aristocrático estilo de vida a una gran parte de la nobleza británica y, en 1921, el 19 barón de Verney tuvo que mudarse a una residencia más modesta, dejando atrás la imponente mansión, remodelada en el siglo XVIII por el arquitecto escocés Robert Adam, en la que sus antepasados habían vivido desde mediados del siglo XV.

Los sucesivos propietarios de Compton Verney no estuvieron a la altura del severo caserón, más apropiado para residencia del fantasma de Canterville que para la plácida vida familiar. Compton Verney acabó siendo requisada por el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial y, finalmente, abandonada durante medio siglo.

“El edificio se estaba cayendo, había perdido la techumbre y las paredes se abrían cuando, en 1993, la Fundación Sir Peter Moores decidió comprarlo para alojar en él sus colecciones de arte”, explica Richard Gray, el director del Museo.

La rehabilitación costó 64 millones de libras, unos 100 millones de euros, y ha incluido también un ingenioso anexo oculto, que aloja la zona de servicios sin herir el entorno neoclásico que forman la casa y unos jardines donde crecen cedros de doscientos años.
Todo el conjunto se ha restaurado respetando formas y materiales originales. “Podría ir a la cárcel si se me ocurre cambiar hasta el modelo de ventana”, bromea Gray.

Capricho de los Verney, que durante siglos fueron modificando la mansión para adaptarla a los cambios de la moda, Compton Verney aloja hoy una colección artística caprichosa en su concepto, que no responde a más criterio que el gusto del comprador. Así, en sus salas se codean obras de tan distinto estilo, material, época y procedencia como esculturas góticas alemanas y piezas de diseño industrial del siglo XX.
Seis son las colecciones principales, que se renuevan constantemente por compraventa, mostradas solamente de marzo a octubre, ya que el emplazamiento del museo, alejado de carreteras principales y estaciones de tren, sólo permite la visita en coche particular o en grupos organizados. Arturo Arnalte las visita en este número.


 





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