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Para
Richard Greville Verney, había tres cosas importantes en la vida:
“La caza del zorro, la casa de campo y la Cámara de los Lores”. La
crisis económica hizo imposible, a partir de la Primera Guerra
Mundial, el mantenimiento de tan aristocrático estilo de vida a una
gran parte de la nobleza británica y, en 1921, el 19 barón de Verney
tuvo que mudarse a una residencia más modesta, dejando atrás la
imponente mansión, remodelada en el siglo XVIII por el arquitecto
escocés Robert Adam, en la que sus antepasados habían vivido desde
mediados del siglo XV.
Los sucesivos propietarios de Compton Verney no
estuvieron a la altura del severo caserón, más apropiado para
residencia del fantasma de Canterville que para la plácida vida
familiar. Compton Verney acabó siendo requisada por el Ejército
durante la Segunda Guerra Mundial y, finalmente, abandonada durante
medio siglo.
“El edificio se estaba cayendo, había perdido la
techumbre y las paredes se abrían cuando, en 1993, la Fundación Sir
Peter Moores decidió comprarlo para alojar en él sus colecciones de
arte”, explica Richard Gray, el director del Museo.
La rehabilitación costó 64 millones de libras,
unos 100 millones de euros, y ha incluido también un ingenioso anexo
oculto, que aloja la zona de servicios sin herir el entorno
neoclásico que forman la casa y unos jardines donde crecen cedros de
doscientos años.
Todo el conjunto se ha restaurado respetando formas y materiales
originales. “Podría ir a la cárcel si se me ocurre cambiar hasta el
modelo de ventana”, bromea Gray.
Capricho de los Verney, que durante siglos
fueron modificando la mansión para adaptarla a los cambios de la
moda, Compton Verney aloja hoy una colección artística caprichosa en
su concepto, que no responde a más criterio que el gusto del
comprador. Así, en sus salas se codean obras de tan distinto estilo,
material, época y procedencia como esculturas góticas alemanas y
piezas de diseño industrial del siglo XX.
Seis son las colecciones principales, que se renuevan constantemente
por compraventa, mostradas solamente de marzo a octubre, ya que el
emplazamiento del museo, alejado de carreteras principales y
estaciones de tren, sólo permite la visita en coche particular o en
grupos organizados. Arturo Arnalte las visita en este número.
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